Dos formas muy seguras para arruinarse son: intentar vender neveras en Groenlandia y abrir un negocio de depilación en Hungría.

A lo mejor porque fueron nómadas hasta hace mil años y se pasaban la mitad de su vida a caballo, las chicas húngaras no tienen un puto pelo en sus piernas (salvo excepciones lógicamente) e incluso conozco a alguna que ni siquiera tiene cejas. Nunca vi un anuncio de depilación y además también lo se por otro tipo de experiencias más agradables.
La de la foto es Szilvia la Alta o Szilvia la Cantante, de la que ya escribí hace un par de días… en un reportaje que le hicieron en una revista bastante conocida de estos lares (cuando empezaba su carrera). Dice ahí en húngaro que no entiende el “sexo si no hay amor”. En su caso debe ser verdad porque es de las pocas húngaras fieles que conozco.
Tiene fama de ello y Tamas (su marido) que lo disfrute. (vídeo al final)
En mi ex-país, “uséase”, España, todo el mundo siente la necesidad de tener un piso en propiedad antes de marcharse de casa de sus padres. Si me descuidas, necesitan el citado, una casa en la playa, dos coches, y tener el lugar de trabajo a unos doscientos metros de su domicilio. En el resto de Europa, y no me refiero sólo al Este, no existe esa obsesión por hipotecarse de por vida. Ahora, aquí en Szeged, han tomado una iniciativa que es digna de aplaudir. Muchas de las casas y residencias que pertenecían al estado durante la época comunista (prácticamente mansiones, o pisos de cuatrocientos metros cuadrados en el centro de la ciudad, totalmente renovados) han salido, no a la venta, sino en alquiler de “por vida”. O sea, que le pagas una cantidad al ayuntamiento por el derecho de alquilarlo durante el tiempo que dure tu existencia (un matrimonio, por ejemplo, figurando ambos como titulares) te fijan un precio que no es en absoluto exagerado (entre doscientos y cuatrocientos euros mensuales y hablo de unos 200 m2 mínimo) y pagas esa cantidad hasta que te mueras tú, o tu cónyuge, y luego vuelve a ser de propiedad municipal. A mí, me convence el tema.
Sin embargo, el secreto mejor guardado de Szeged, el que solamente conocen unos pocos elegidos, lo seguiré ocultando
(por ahora).

Escrito por Micer Arnaldo 






