Al borrego medio hay que facilitarle elementos de entretenimiento para que apacigüe sus ansias asesinas. En primer lugar, hay que hacerle creer que sus balidos son importantes y tenidos en cuenta y para ello, con cierta regularidad, se le inducirá; o incluso obligará en algunos casos, a participar en unas patéticas mascaradas a las que llamaremos elecciones. El borrego, por el mero hecho de depositar un trozo de papel en una urna de cristal, creerá que su balido es importante y que servirá para obligar al pastor a conducirlo hacia uno u otro pasto.
En la siguiente lección intentaremos analizar en profundidad algunos de los criterios que siguen nuestros amados amos para decidir qué borrego (o pingüino) debe desempeñar, durante un tiempo, el oficio de pastor. Pero antes debemos aclarar un punto de vital importancia.
Imaginemos, por ejemplo, que los borregos que habitan en alguna de esas parcelas de los amos a los que ellos llaman países y naciones, se encuentran exactamente divididos por la mitad en cuanto a su afecto y sus simpatías hacia un par de pastores que nuestros señores hayan elegido para comandarlos. Cae de cajón, queridos cadetes guardianes, que a los amos les importa bien poco que sea uno u otro el mendrugo que esa manada elija para desempeñar las labores de pastor principal durante un tiempo. Sin embargo hay un hecho que no podemos pasar por alto: a los borregos si no se les entretiene con algo, piensan
Nada mejor que un ejemplo simple para que comprendáis este hecho.
Pepito Pérez es partidario del pastor A. Y Pepito Gómez es partidario del pastor B. El pastor A y B, durante un tiempo más o menos largo, se dedican a insultarse y en general a berrear cada cual con más fuerza con el objeto de impresionar a la borregada para que se decanten por uno u otro. Llega el día de las elecciones y los dos pepitos depositan su papel en la mencionada urna. Salga elegido A, o salga elegido B, a los amos se la trae bien floja. Pero claro. Siguiendo el ejemplo de sus pastores favoritos, Pepito Pérez y Pepito Gómez, durante los dos o 3 días posteriores al proceso electoral se dedicarán a insultarse entre ellos e incluso, en algunos casos, a agredirse físicamente. El problema empieza cuando, al cuarto día, ambos “pepitos” se dan cuenta de que siguen trabajando en el mismo sitio y con el mismo horario, que los precios siguen subiendo haya ganado quien haya ganado, que deben exactamente la misma cantidad de dinero; o mucho +, a alguno de los bancos de los amos para poder pagar el cuchitril en el que habitan y que solamente podrán disfrutar durante unos años hasta que vuelva a entrar en la rueda del comercio inmobiliario debido a sus fallecimientos. ¿Lo vais captando queridos cadetes guardianes? ¿”Sus” enteráis?
¡Señor, siiii, Señor!.
Es por eso por lo que nuestra sagrada obligación, aparte de usar a los borregos como carnaza para experimentos y exterminarlos cuando sea necesario, también consiste en procurar distraerlos para que no se alboroten. Si se alteran significtivamente, los tendríamos que masacrar en gran número y no resulta conveniente reducir de forma drástica el número de consumidores en los tiempos que estamos viviendo.
Todos conocéis de sobra los medios tradicionales que se utilizan para conseguir esa finalidad. La televisión, la prensa, el cine, los deportes de competición, provocar graves enfrentamientos continuos entre ellos y sobre todo la Red de Internet en la que nuestros venerados amos han depositado tantas esperanzas para conseguir una sociedad futura muy similar a la reflejada en la película Matrix; de todos conocida, son elementos imprescindibles para apaciguar a esa estúpida bandada de merluzas y de besugos. Sin embargo… ¡queridos cadetes guardianes!
¿Señoor?
Quiero que ”visioneis” esa película en vuestras cómodas habitaciones y que luego respondáis a unas cuantas preguntas y planteamientos.
Si después de verla sigues utilizando “bestia” como un insulto, allá tú
¿Se debe permitir que los borregos continúen exterminando a esas especies que tanta falta le hacen a los amos por formar parte de sus platillos favoritos? Teniendo en cuenta los enfrentamientos bélicos que vamos a organizar próximamente en Asia y en zonas petrolíferas como Venezuela, ¿seguirán los babosos borregos de mierda contentándose con las disputas entre equipos de ”fúmbol” o tendríamos que inventar algo nuevo que supusiera una mayor dósis de sangre para calmarlos? ¿Deberíamos introducir elementos progresistas como la prohibición de las corridas de toros y como contrapartida, resucitar la lucha a muerte entre gladiadores cediendo aparentemente ante el derecho inalienable a elegir de cada individuo? ¿Habría que legalizar de nuevo los duelos a espada, o con pistola, considerándolos como un asunto estrictamente personal? Pensad en la retransmisión televisiva (o vía Red) de estos acontecimientos: duelos entre famosos, liga de gladiadores, etc.
Las respuestas mañana a las ocho sobre la mesa de mi despacho.
Escrito por Micer Arnaldo 






