De niño amaba a Mary Shelley y no es un snobismo y tampoco era un repipi. Es que me fascinaba por su monstruo; por haberlo creado. Era un amor muy cómodo porque al estar muerta desde hacía muchísimos años no podía decepcionarme nunca y ese era mi único temor con ella.
Ahora, de mayor, amo a Helene Grimaud. Y la amo hasta el punto de soñar a veces con ella. Por eso, espero no conocerla nunca aunque he descartado la idea de no verla jamás. Casi con seguridad intentaré asistir a alguno de sus conciertos, sea donde sea. En realidad, ahora que lo pienso, quizá me atemoriza el hecho de verla de cerca o a una distancia lo suficientemente corta. Dispongo de mi tiempo como me place y tengo recursos para poder viajar durante el tiempo que sea al lugar del mundo que elija. Con esto quiero decir que si ella organiza una gira en Japón, no tengo ningún problema de logística ni de tiempo para poder seguirla entre los almendros en flor y los cerezos. Pienso entonces que, si no lo hago, es porque quiero seguir amándola hasta el final y me da miedo perderla en cuanto respire el mismo aire que ella respira. ¡Los invisibles átomos del aire que también traen los olores!.
Helene es de Aix en Provence y fue la típica chica-chico (una gamberra, faltaba a clase, se peleaba con los tíos, hacía atletismo y gimnasia de aparatos, etc) hasta que un día alguien le regaló un piano. Ahora vive en Estados Unidos aunque tiene muy poco que ver con el “American Way of Life”. Vive allí porque el gobierno “americano” fue el único del mundo que le concedió una autorización para poder vivir con lobos.
Tiene una casa en el bosque y aunque está considerada como una de los 5 mejores pianistas del mundo su vida son los lobos y la soledad.
Yo viví cuatro años con 15 lobos, así que tendríamos algo en común
17 horas después de escribir eso de arriba: el día 15 de septiembre, si vivo, conoceré por fin a Helene Grimaud en Praga. Y digo conoceré, no que “veré” solamente
Luego, ya podré morir tranquilo… o no

Escrito por Micer Arnaldo 
Escrito por Micer Arnaldo
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