En la cárcel de Szeged es donde cumplen su pena los condenados a cadena perpetua. Hay once, creo; o eso me comentaron. En Hungría, la cadena perpetua es “perpetua”, o sea, que sólo salen con los pies por delante, como se decía en las películas del Oeste. No hay + opción.

Tres húngaras muy sonrientes en la discoteca Sing Sing el otro día.
Un buen día, tras los años del por muchos añorado régimen comunista, alguien abrió una discoteca frente a la prisión y como no debía de ser muy imaginativo la bautizó con el nombre de Sing Sing Music Hall.

Dos húngaras, no sonrientes, en la discoteca Sing Sing el otro día.
Los miércoles, las chicas serbias de la ciudad de Subotica, que está a pocos kilómetros, vienen en autobuses para bailar en compañía de las húngaras hasta el amanecer, para deleite del personal masculino.

Chica serbia, con sonrisa insinuante, en el Sing Sing el otro día.
Y me pregunto yo. La prisión, que está justo enfrente de la discoteca, tiene ventanas con barrotes desde las que se puede ver la entrada. ¿Se respetan los derechos humanos de los presos, “obligándolos” a tener que presenciar cada miércoles y fines de semana, ese desfile incesante de minifaldas y ombligos al aire? ¡Tan cerca, tan lejos!

Publicado por Micer Arnaldo







