Mi Señora
Agosto 17, 2007
La última vez que estuve con Zapatones fue en la Pulpería de Melide (la mejor del mundo), en compañía de una peregrina francesa.
Zapatones´, a base de “colarse” en las fotos y de arrimarse al Príncipe y a las Infantas cada vez que pisaban el Camino (vestido de peregrino a la antigua usanza) pasó de ser un trotaconventos que sobrevivía pasando quince días aquí y quince días allá, a ser un gallufo moderno que cuenta, hasta cierto punto, con el beneplácito de las instituciones. Si te lo encuentras alguna vez, será en Galicia y te contará que hizo tropecientas veces el Camino (en aquella ocasión “iban” 27). Nunca lo hizo, en realidad, aunque es lo mismo porque nunca “sale de él”
Esta es la historia de un disco. Lo escuchaba en Radio 3 los domingos por la noche, como sintonía de uno de sus programas. Alguien me lo grabó y durante cuatro años largos me hizo compañía en una ermita en la que viví solo, sin electricidad ni otros medios (el “radiocassette” tenía pilas, lógicamente) por motivos estrictamente personales.
No conocía ni el título ni el nombre de la intérprete, tan sólo la letra.
También, por motivos personales, un buen día dejé la ermita y allí se quedó la grabación. Un par de años después, en Donosti, la escuché en el intermedio de una actuación en un local de Jazz y la amiga que estaba conmigo le preguntó al camarero ”quién cantaba aquello” -yo no podía ni levantarme- y averigüé por fin cómo se llamaba la cantante y cuál era el título de la canción. La busqué en la Red por todas partes y lo único que conseguí averiguar fue el nombre de la casa de discos, que no la tenían a la venta online y tampoco estaba en esa disposición en Amazón ni en ningún otro sitio de los que se dedican a esas ventas
Akemi Kamoshita, otra amiga, aunque esta japonesa, localizó por fin el disco en Tokio, lo compró inmediatamente, y me lo envió como regalo. Desde entonces vuelve a vivir conmigo y es ese que se escucha ahí.